Subiendo fotos al otro blog me he dado cuenta que se me escapó comentar una excursión que hice en septiembre y, como para luego es tarde, aquí dejo constancia del evento. La del alba sería cuando a eso de las 10 salimos en los bugas para acercarnos a Carranque, en la comarca de La Sagra, Toledo. El paseo es de apenas 35 quilómetros (si se vive en Madrid) y se llega en un pispás. Una vez en el pueblo sólo hay que seguir las indicaciones que indican dónde está el yacimiento y que depositan el coche en un altozano donde han habilitado un aparcamiento desde el que se divisa el
parque arqueológico. Al acercarse aparece el río Guadarrama que se atraviesa por un puente ad hoc (habrá quien lo haga mojándose los pies) desde el que se llega al Centro de Interpretación del parque.

puente propiamente dicho

río Guadarrama
En la puerta, y por un modico precio, compramos la entrada que nos permite entrar a la exposición donde nos mostrarán un vídeo con la historia de la zona y del descubrimiento, las excavaciones y una magnífica colección de piezas extraídas del yacimiento. Gracias a esto nos enteramos de que en 1.983 fue descubierto casualmente por un labrador que estaba trabajando las tierras. También nos cuenta que el conjunto consta de una villa romana, un palatium, un ninfeo (nadie se de por aludido) y diversos edificios del tipo de molinos, acequias, canales, en fin, todo lo necesario para un modesto retiro. Perteneció a Materno Cinegio, un pariente y colaborador directo del Emperador Teodosio El Grande. Una vez visto el vídeo hay un recorrido por el Centro de Interpretación en el que se podrán ver las piezas encontradas en las excavaciones, maquetas de los edificios y de cómo se hicieron, joyas, arreos, incluso huellas de los constructores.




La visita sigue ya en el exterior donde una guía nos acercó al plato fuerte: la casa de Materno. Debió ser impresionante cuando se construyó porque los restos son majestuosos. Sólo los mosaicos que la adornan demuestran la belleza que tuvo. La villa tiene unos 1.200 metros cuadrados, más o menos como mi casa. Gracias a unas pasarelas colocadas por encima del suelo de la villa se pueden observar los mosaicos que adornaban las habitaciones que son espectaculares tanto en su factura como en sus motivos. La casa tenía agua corriente, patio ajardinado interior, habitaciones calefactadas por un sistema usado en las villas y termas romanas llamado hipocaustum, consistentente en unos conductos subterranos por debajo de las habitaciones por los que circulaba el aire caliente que procedía del horno. Efectivamente, una calefacción central magnífica.



A la salida pasamos al lado del Ninfeo o Mausoleo del que aún se discute su uso, si templete o lugar de enterramiento. Aparentemente, por su posición, podría ser una cisterna que distribuía agua a la villa. Desde allí se llega al Palatium o Basílica que es un edificio de representación pública donde Materno mostraría su poder y prestigio, recibiría a sus clientes y se efectuarían ventas y compras. Posteriormente, en época visigoda, pasó a tener uso religioso.


De allí se vuelve al centro de interpretación donde hay talleres para los niños (y no tan niños) en los que aprender a hacer mosaicos, pasar por la tienda de recuerdos en la que tienen algunos objetos interesantes (yo piqué varias veces) y relajarse algo a la sombra que hacía un buen calor. Después nos acercamos al pueblo a comer en un bar de la plaza donde nos alegramos el cuerpo con olivas, queso, alitas de pollo, ensalada, pollo al ajillo, boquerones en vinagre y cervezas y refrescos (muchas cervezas y refrescos) para ir a rematar la tarde a Toledo que está a escasos 35 quilómetros. Pero lo de Toledo será otra historia que habrá que contar por separado.