En la aduana: Un matrimonio decide viajar a Nueva York de vacaciones y, ya que el marido habla inglés perfectamente, se encarga en la aduana de hacer los trámites. El aduanero le pregunta, lógicamente en inglés.
- Buenos días señor, ¿me entrega su documentación y la de su esposa?
- Aquí las tiene, caballero.
La mujer, como no entendía nada, pregunta: Mi amor, ¿qué ha dicho?
- Me ha pedido los papeles.
El empleado de la aduana vuelve a preguntar.
- ¿Tienen algo que declarar?
- No, absolutamente nada.
Nuevamente la esposa: ¿Que dice ahora, cariño?
- Que si llevamos algo que tengamos que declarar.
Continúa el empleado con unas preguntas.
- ¿De dónde vienen ustedes, señor?
- Somos españoles.
Nuevamente insiste la mujer: - Cariño, ¿qué ha dicho?
- Pregunta de dónde venimos.
El empleado entonces comenta:
- ¡España! Estuve unos días allí hace tiempo. Magnífico pais, estupendo clima y buenísima gastronomía aunque tuve una experiencia un tanto negativa. Conocí a una mujer que era insoportable, no me dejaba en paz, no paraba de hablar, era lo más pesado que he conocido en mi
vida, hablaba y hablaba como una cotorra. Además, tuve sexo con ella y fue el peor sexo de mi vida.
La mujer pregunta: ¿Qué ha dicho, cielo?
- Que te conoce.
Una pareja tenía dos niños pequeños, de 8 y 10 años de edad, que eran extremadamente traviesos. Siempre estaban metiéndose en problemas y sus padres sabían que si alguna travesura ocurría en el barrio o en el colegio sus hijos estaban seguramente involucrados. La madre de los niños escuchó que el sacerdote del pueblo había tenido mucho éxito educando niños, así que le pidió que hablara con sus hijos. El sacerdote aceptó pero pidió verlos de forma separada, así que la mamá envió primero al niño más pequeño.
El sacerdote, un hombre enorme con una voz muy profunda, sentó al niño frente a él y le preguntó gravemente: ¿Dónde está Dios?
El niño se quedó boquiabierto pero no respondió, sólo se quedó sentado con los ojos muy abiertos así que el sacerdote repitió la pregunta en un tono todavía más grave: ¿Dónde está Dios?
De nuevo el niño no contestó.
Entonces el sacerdote subió de tono su voz, agitó su dedo frente a la cara del niño, y gritó: ¿Dónde está Dios?
El niño salió gritando del cuarto, corrió hasta su casa y se escondió en el baño dando un portazo. Su hermano fue y preguntó a través de la puerta: ¿Qué pasó?
El hermano pequeño, sin aliento, contestó: ¡Ahora si que estamos metidos en un lío, han secuestrado a Dios y creen que nosotros lo tenemos!
- Buenos días señor, ¿me entrega su documentación y la de su esposa?
- Aquí las tiene, caballero.
La mujer, como no entendía nada, pregunta: Mi amor, ¿qué ha dicho?
- Me ha pedido los papeles.
El empleado de la aduana vuelve a preguntar.
- ¿Tienen algo que declarar?
- No, absolutamente nada.
Nuevamente la esposa: ¿Que dice ahora, cariño?
- Que si llevamos algo que tengamos que declarar.
Continúa el empleado con unas preguntas.
- ¿De dónde vienen ustedes, señor?
- Somos españoles.
Nuevamente insiste la mujer: - Cariño, ¿qué ha dicho?
- Pregunta de dónde venimos.
El empleado entonces comenta:
- ¡España! Estuve unos días allí hace tiempo. Magnífico pais, estupendo clima y buenísima gastronomía aunque tuve una experiencia un tanto negativa. Conocí a una mujer que era insoportable, no me dejaba en paz, no paraba de hablar, era lo más pesado que he conocido en mi
vida, hablaba y hablaba como una cotorra. Además, tuve sexo con ella y fue el peor sexo de mi vida.
La mujer pregunta: ¿Qué ha dicho, cielo?
- Que te conoce.
Una pareja tenía dos niños pequeños, de 8 y 10 años de edad, que eran extremadamente traviesos. Siempre estaban metiéndose en problemas y sus padres sabían que si alguna travesura ocurría en el barrio o en el colegio sus hijos estaban seguramente involucrados. La madre de los niños escuchó que el sacerdote del pueblo había tenido mucho éxito educando niños, así que le pidió que hablara con sus hijos. El sacerdote aceptó pero pidió verlos de forma separada, así que la mamá envió primero al niño más pequeño.
El sacerdote, un hombre enorme con una voz muy profunda, sentó al niño frente a él y le preguntó gravemente: ¿Dónde está Dios?
El niño se quedó boquiabierto pero no respondió, sólo se quedó sentado con los ojos muy abiertos así que el sacerdote repitió la pregunta en un tono todavía más grave: ¿Dónde está Dios?
De nuevo el niño no contestó.
Entonces el sacerdote subió de tono su voz, agitó su dedo frente a la cara del niño, y gritó: ¿Dónde está Dios?
El niño salió gritando del cuarto, corrió hasta su casa y se escondió en el baño dando un portazo. Su hermano fue y preguntó a través de la puerta: ¿Qué pasó?
El hermano pequeño, sin aliento, contestó: ¡Ahora si que estamos metidos en un lío, han secuestrado a Dios y creen que nosotros lo tenemos!





S.
12 además de leer tuvieron a bien comentar:
jajaja Buenísimos!!! Gracias a Dios tenemos estos lunes de humor. Un besito
El segundo es memorable, jejeje
Muy bueno el segundo.
Los dos muy buenos, muy buenos.
Los dos. Sí.
(En Sancho estan Icia e avoa, por tu iniciativa)
Jajaja, geniales, los dos!!!! Que buena forma de empezar el lunes y toda la semana!
Besos:)
Qué bueno comenzar el lunes con humor! jaja los dos son muy graciosos,espero más.
Un respirito de humor ufff..
El primero lo conocía, el segundo no. Por cierto, Dios está aún en la Moncloa.
Normal que no aparezca Dios, si no existe.
Jajaja qué buenos ambos!. Da gusto irse con una sonrisa a la cama! ;)
Muy buenos, sobre todo el segundo!
Espero que tengas una semana fabulosa, por lo menos ya la has empezado con buen pie...
Una sonrisa,
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