Curiosísimo lo de los islandeses: El ex primer ministro islandés será juzgado por negligencia en la gestión de la crisis. Exactamente igual que en España donde se van a tomar medidas contra los que en las anteriores elecciones negaron la crisis por activa y por pasiva: por parte del presidente Rodríguez y de su ex ministro de finanzas Solbes, incluso llamando antipatriota a los que decían que sí que había crisis.
Mientras tanto estamos inmersos en la primera huelga general contra el gobierno zp (que no socialista; algún día deberían buscar la definición de la palabra en la enciclopedia) que ha producido además del piquete informativo, curioso anacronismo de finales del XIX cuando la gente no sabía leer, no había casi periódicos, no existía la radio, no se veía televisión (qué suerte), el teléfono no tenía tonos, etc. la figura del piquete convencitivo (Asturias) que habrá que ver cómo se las gasta. Igual las gasta como el piquete que tuvo que ser "amablemente" convencido por la policía en Vigo para que dejara entrar al trabajo en Citroën a la gente que quería no secundar la huelga. Y ya hay heridos entre los sindicalistas: en Madrid y Barcelona dos personas fueron arrolladas por furgonetas. Es difícil conciliar el derecho a la huelga con el derecho al trabajo. Sobre todo tal como está la economía casera donde un día de huelga supone un dineral en retención. En mi trabajo la gente está caliente y escocida con las medidas gubernamentales pero el sentir general es el de que "no estoy/amos para perder entre 60 a 130 euros por hacer huelga (ya se sabe que una cosa es lo que se gana a final de mes y otra lo que se descuenta: la parte proporcional del día, de lo correspondiente a la paga extra generada, etc.) y estos de los sindicatos ¿cómo han tardado tanto en convocarla?". En Valencia la policia ha tenido que despejar la entrada de mercancías de Mercavalencia cortada por los piquetes y en Madrid ha estado bloqueada la entrada en Mercamadrid mientras la cola de camiones y coches atascaba la M-40. Para variar, los sindicatos están hablando ahora del éxito de la convocatoria aunque no cuenta como éxito el que los piqutes "informativos" corten la Gran Vía o crucen contenedores en Castellana (salvo los kioskos de prensa que están cerrados los cinco por los que he pasado, circulan autobuses y trenes con bastante normalidad, los bares están abiertos, por la plaza de Carlos V alias Atocha no hay grandes concentraciones; hablo de Madrid que es donde vivo) y el gobierno de normalidad absoluta y sin incidentes, que lo dice Corbacho. Yo he decidido fiarme de los exponentes del mundo de la cultura, esossabios actores y actrices, cantantes y perfomanceros que demuestran su excelso saber en Pasapalabra y que, encabezados por Alberto San Juan, han soltado una de las más gordas soplapolleces (¿soplapollez es con ll o con y? soplapoyez) de los últimos tiempos: "Vayamos a la huelga para defender lo que queda de soberanía popular". ¡Toma ya! Lo más triste es que estando totalmente de acuerdo con que la reforma laboral es un horror que quita derechos adquiridos al trabajador, abarata el despido aún más, precariza el empleo, no generará nuevos puestos de trabajo, etc. no han sido capaces los sindicatos de clamar en su momento, no ahora, tarde, mal y nunca. Lo que si haré será ir a la manifestación convocada para esta tarde.
En momentos tan duros siempre queda para animar la cara que se le quedó al gorilón Chávez cuando ni golfeando con la ley electoral consiguió la mayoría absoluta en Venezuela. Se ve que los venezolanos no tienen ganas de usar la Cédula del Buen Vivir, curiosa forma de llamar a la cartilla de racionamiento.
Mientras tanto estamos inmersos en la primera huelga general contra el gobierno zp (que no socialista; algún día deberían buscar la definición de la palabra en la enciclopedia) que ha producido además del piquete informativo, curioso anacronismo de finales del XIX cuando la gente no sabía leer, no había casi periódicos, no existía la radio, no se veía televisión (qué suerte), el teléfono no tenía tonos, etc. la figura del piquete convencitivo (Asturias) que habrá que ver cómo se las gasta. Igual las gasta como el piquete que tuvo que ser "amablemente" convencido por la policía en Vigo para que dejara entrar al trabajo en Citroën a la gente que quería no secundar la huelga. Y ya hay heridos entre los sindicalistas: en Madrid y Barcelona dos personas fueron arrolladas por furgonetas. Es difícil conciliar el derecho a la huelga con el derecho al trabajo. Sobre todo tal como está la economía casera donde un día de huelga supone un dineral en retención. En mi trabajo la gente está caliente y escocida con las medidas gubernamentales pero el sentir general es el de que "no estoy/amos para perder entre 60 a 130 euros por hacer huelga (ya se sabe que una cosa es lo que se gana a final de mes y otra lo que se descuenta: la parte proporcional del día, de lo correspondiente a la paga extra generada, etc.) y estos de los sindicatos ¿cómo han tardado tanto en convocarla?". En Valencia la policia ha tenido que despejar la entrada de mercancías de Mercavalencia cortada por los piquetes y en Madrid ha estado bloqueada la entrada en Mercamadrid mientras la cola de camiones y coches atascaba la M-40. Para variar, los sindicatos están hablando ahora del éxito de la convocatoria aunque no cuenta como éxito el que los piqutes "informativos" corten la Gran Vía o crucen contenedores en Castellana (salvo los kioskos de prensa que están cerrados los cinco por los que he pasado, circulan autobuses y trenes con bastante normalidad, los bares están abiertos, por la plaza de Carlos V alias Atocha no hay grandes concentraciones; hablo de Madrid que es donde vivo) y el gobierno de normalidad absoluta y sin incidentes, que lo dice Corbacho. Yo he decidido fiarme de los exponentes del mundo de la cultura, esos
En momentos tan duros siempre queda para animar la cara que se le quedó al gorilón Chávez cuando ni golfeando con la ley electoral consiguió la mayoría absoluta en Venezuela. Se ve que los venezolanos no tienen ganas de usar la Cédula del Buen Vivir, curiosa forma de llamar a la cartilla de racionamiento.




















S.