29/08/09

QUÉ DURA ES LA VIDA DEL VERANEANTE (2)

Y para terminar con cómo están siendo de aburridas mis monótonas si bien merecidas vacaciones diré que ayer fuime al cine y a cenar con unos amigos de variados sexos y hoy me voy dentro de un ratillo a pasar el finde en la sierra para ir preparando el viaje a Lisboa. ¡Qué estrés tengo! Me pasa como a estos del anuncio de la cervecita. Y eso que cuando estuve en Formentera no tuve la suerte del pavo ese. ¡No se puede tener todo!


Hasta la vuelta, querid@s.

28/08/09

QUÉ DURA ES LA VIDA DEL VERANEANTE (1)

Esto es un sinvivir. Pasados unos días en Pontevedra, cerca de O Grove, con un tiempo de escándalo, el sol en el cielo, el mar azul y con buenas mareas, la comida excelente (demasiado quizás: voy a tenerme que poner a dieta), fiestas por los pueblos y con buenos amigos con los que ir de excursión y jarana llego a la conclusión de que me ratifico en ser multimillonario para no tener que volver a trabajar y vivir así el resto del año. Por lo demás están siendo unos días de relajo haciendo cosas simples y normales como ir de visita a unas bodegas de albariño a ver como es el proceso que me permite disfrutar de unos caldos deliciosos, acercarme a la fiesta de la ostra en Noalla, penar por no haber estado en Catoira en el desembarco vikingo, subir más al norte a ver y saborear la Torre de Hércules y ya que estamos visitar la muestra de comic, acercarnos a Corcubión a participar de la festa do porco celta, mojarme hasta los mondonguillos en la festa da auga de Villagarcía que estuvo estupenda como siempre y con un sol de justicia que daba gusto empapar y ser empapado, ir a la playa a disfrutar de las aguas y bucear para disfrutar de los fondos (con traje de neopreno de 5 mm. y aún así se me quedaron los güitos como los de los tigres: enanos y pegados al culo), hacer una ruta de senderismo por el Armenteira para ver os muíños y brincar de piedra en piedra (6’5 quilómetros, oiga Ud.) y otras cousiñas que me están dejando tan relajado que se me está poniendo el cutis como el de un neno de 3 meses. A esto va y se añade que uno de esos días me llama un amiguete y me dice que si quiero ir a ver las regatas de Sanxenxo en barco. La respuesta fue afirmativa, evidentemente, así que a eso de las 9 y media (qué madrugón) allá estaba yo en el pantalán para empezar la singladura. Al embarcar en el buque que está aparejado como balandro, o sea, un palo que sostiene la vela mayor y dos foques, (el de la foto, ni más ni menos) lo primero que hay que saber es que la única cuerda que hay es la del reloj; las demás son cabos o drizas. Lo segundo es que izquierda es babor y se ilumina con la luz roja y derecha es estribor y lleva luz verde. Por supuesto la proa está delante y la popa detrás. Las bordas es por donde se cuelgan aquellos pailanes que tienen problemas de oído interno y se marean hasta bailando. De esos llevábamos dos que siempre vienen bien porque así hay tema de conversación sobre las diversas tonalidades de verde que iluminan sus caras y porque si, además quieres pescar, ya se encargan ellos de ir cebando las aguas con desayunos en diversos estados de digestión. No era ese nuestro caso que ya llevábamos la comida: una inmensa empanada de raxo, unos filetes empanados, fruta y bebida como para resistir una encalmada de varios días. Así que estuvimos todos a bordo con el patrón, salimos del puerto y nos dirigimos al campo de regatas. Una cosa es segura, de verlo en televisión a verlo in situ hay un mundo. Luego de disfrutar de la carrera, de ver como a unos se les enganchó el espinacle y a otros que casi consiguen volcar su nave, decidimos izar las velas e ir a zampar a Oms cosa que hicimos con grande esfuerzo: ¡Hay que ver lo que cuesta izar la mayor! De camino tuvimos a unos golfiños siguiéndonos, cosa lógica dada la afición que mostraron los mareantes en alimentarlos. Y aún no se si eran delfines o marsopas pero qué salados eran. Luego que arribamos, fondeamos enfrente de una playa y fuimos a ver al dueño de un figón que prepara un polbo a feira apabullante. Pertrechados con una perola nos volvimos al barco, nos bañamos en el fondeo, nos zampamos las viandas y hasta hubo quien descabezó una siesta. Lo malo es ver a toda esa panda de turistas chillones que infestan las playas con sus sombrillas de mal gusto, sus bañadores horrendos, sus toallas piojosas, sus colchonetas roñosas, sus esfuerzos sobre los pedalos, sus niños chillones y que, para colmo, mean esas aguas tan cristalinas… es lo que tiene lo de subirse a un barco, te das cuenta del horror de la tierra… Después de este ejercicio de sadomasoquismo, cobramos el rezón, izamos de nuevo la vela mayor y los dos foques y nos arrimamos a la banda diestra de la ría de Pontevedra antes de virar a babor y dirigirnos a puerto para terminar la jornada (espero que observéis la elegancia con la que manejo la caña del timón) mientras los dos pandorcos amenizaban el viaje con sus movimientos convulsos. Uno de ellos se equivocó y se acodó a la amura de sotavento con lo que se vio interrumpido en su arrojo (pena de comida) por una rociada que casi se nos lo lleva por los imbornales. Lo que nos pudimos reír luego. En fin, que arribamos a puerto, desembarcamos y nos volvimos a sumir en el triste tráfago del veraneante de a pie, ese del que comentaba antes… Por eso es por lo que quiero ser muchimisllonario, no por otra cosa.
Cuando pasados los días rematamos la estancia; en la que descubrí un lugar que se llamaba Paradela, como alguien que tiene a bien pasar por aquí; liamos el petate y nos dirigimos sin problemas a León donde hemos estado haciendo excursiones por Valporquero donde hay unas cuevas espectaculares a las que hay que llevar jersey del fresquillo que hace dentro y un paisaje fantástico; Astorga, capital de la maragatería; Castrillo de los Polvazares y su cocido maragato que yo recomendaría degustar a partir de noviembre y hasta mayo si no hace mucho calor porque si no…; Las Médulas que son impresionantes; Ponferrada y su castillo; León capital que entre San Isidoro, Santa María la Blanca (la catedral), la casa de Botines y el barrio Húmedo (no perderse si vais Casa Palomo y El Tizón) acabas con los pies destrozados. También hemos ido a un sitio que no conocía más que de oídas y que este año si que lo he visto y lo he disfrutado: Compludo. Está en el valle del Silencio, lugar hermoso donde los haya y mantiene una fragua de época romana, dice la tradición, que si hay suerte un señor del lugar enseña su funcionamiento y un pequeño restaurante donde una amable pareja restaura las fuerzas del caminante con una ensalada y una parrillada de costillas de cerdo, ternera, chorizo y morcilla que deja el cuerpo con un gusto que pa qué. Y el café de puchero superior. En fin, todo muy frugal como se puede observar. No se como voy a conseguir bajar los cinco quilos que me he puesto por montera. Ahora a sufrir este invierno. Pero no antes de que me vuelva a ir este fin de semana a pasar cinco o seis diítas a Lisboa antigua, plena de encanto e beleça. Ya contaré como fue el asunto. Mientras tanto, aquellos que tengan la dicha de trabajar, sabed que os envidio la suerte que tenéis de forma superlativa. Yo desperdiciando así mi tiempo mientras vosotros sacáis adelante España de la crisis en la que está sumida. De la concesión del TDT de pago a los amigos del gobierno, la Sexta, hablaremos en otro momento ¿vale?
Con Dios.